Desde las 7 de la mañana, como cuando voy al instituto, en plenas vacaciones navideñas.
Me tengo que despertar y de la peor forma. La forma con más mala leche que hay.
Con los obreros de mi fachada, con su grúa y su material de trabajo.
El ruidito de la grúa de por sí, ya es mortal, luego ni que decir la máquina que utilizan que parece una taladradora, que creo que es para pulir la pared en la que duermo, que está a escasos centímetros de mi cabeza, vamos que si hiciera un boquete con un martillo, me saludaba y todo el muchacho.
Después, el pom, pom, mezclado con pum, pum, pum... que creo que sonaba en la azotea pero a saber.
Son las 10:26 ahora, y parece que acaban de parar, imagino que para descansar solamente, pero ya me da igual. La hora que es, no me voy a dormir, ni mucho menos, porque tengo que hacer más cosas.
El silencio me suena hasta raro.
Pero bueno, tampoco hay que quejarse tanto, hay más días para descansar.
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