Y es porque la vida en sí, es un hechizo, todo lo que hay en ella es magia, y hay un destino que ríe y juega con todos nosotros a su antojo. Es una telaraña infinita en el que todos los que estamos pisando tierra, quedamos atrapados. Unos pocos lo aceptan, otros no, y éstos últimos sufren queriendo salir de la maraña, la cual creen que están metidos solo ellos...Como se equivocan, y así son las victimillas del mundo.
Los demás lo ven como una lucha constante, para sobrevivir, para no ser devorados por esa araña, invisible pero real. Luchan otros tantos, y es lo que hay que hacer. Otros se sientan cómodos viendo como unos luchan y otros se hacen victimas, se ríen de las dos partes, pero no hacen nada.
Luego llega el hechizo que los libera a todos, y que hace que tengamos infinidad de cosas en común, las alegrías en sí, esos pequeños grandes momentos de la vida, en la que escapas por un agujero y le das la mano al de enfrente para ayudarlo, que ocioso te sonríe y te lo agradece...
El hechizo de la vida, te atrapa y te influye...No escapas de él, solo cuando te vas...pero sigue ahí y seguirá siempre, mientras desde aquí abajo veamos salir a la luna y el sol, no parará jamás.
