Miro a la luna y verdaderamente me parece distinta.
Su pupila se dilata, sus cejas se levantan...solo me dicen la verdad y nada mas que la verdad.
En este lugar, pocas veces en la vida entro, él me estremece con sus garras, aunque no me hace ningún daño.
Yo puedo pintar con la tinta de sus dedos, mi oculto jeroglífico.
Le vendo los ojos, con un pañuelo negro de seda, y le acaricio el rostro, y me dice que le transporto a una playa, cuando no estamos más que en una cueva, donde duermen los lobos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario