miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sólo tardes


¡Ay! Tardes de otoño...
Si pudiera leer, leería un libro de poesía en una de esas...
Alrededor de las cinco y media de la tarde otoñal.
Que mis páginas se tornen de amarillo por el sol que se esconde bajo el mar.
Mirar hacia el horizonte, y que un paisaje de colores me trastorne.
Y con el magnetismo celestial, me lleve de regreso, a las hermosas capitales intangibles de mi alma.

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